eran tan graves que había perdido la capacidad de moverse y hablar por sí mismo.
Como consecuencia de las lesiones cerebrales, Viktor apenas reaccionaba a su entorno. Mantenía los ojos cerrados, su cuerpo permanecía inmóvil y los médicos no observaban ningún signo de comunicación consciente.
Elena se había negado a ingresar a su marido en un centro especializado y había decidido cuidarlo en casa.
Con el paso de los años, había aprendido a utilizar el equipo médico, alimentarlo mediante una sonda, cambiarlo de posición con regularidad y vigilar su estado