siguiente y confesó todo.
—Lloró mucho —contó Rosa—. Lo escuché, pero no le dije que estaba todo bien, porque no lo estaba.
Le pidió que limpiara su nombre. Mi padre fue a ver a mi madre y le contó la verdad; discutieron y decidieron esconder el asunto de los hijos.
Las mensualidades
Con los meses, Rosa lo contrató para algunas entregas y así supo que yo había entrado a enfermería. Recordaba que de niña yo enrollaba retazos en los brazos de mis muñecas, fingiendo hacer curaciones. Sacó una hoja: un