lentamente a mi habitación y me senté sobre la cama.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías familiares.
En casi todas aparecía yo.
Sosteniendo a un bebé, llevando un pastel de cumpleaños, decorando la casa, sirviendo la comida o sonriendo agotada mientras todos los demás ocupaban el centro de la imagen.
Siempre estaba presente.
Pero pocas veces alguien se detenía a pensar en mí.
Αbrí el armario.
Αllí descansaban ocho regalos de Navidad cuidadosamente envueltos.
Durante tres meses había gastado más de mil doscientos dólares en libros,
ropa de invierno, juguetes