ser tan paranoica y quisquillosa.
Sin embargo, cambié las sábanas diez veces, lavé el edredón con productos industriales y ventilé la habitación durante semanas, pero el hedor no desaparecía; al contrario, se intensificaba cada medianoche. Lo más extraño era que Marcos se negaba categóricamente a cambiar el colchón o a dejar que la empleada de limpieza tocara su lado de la cama. Ropade cama
La paciencia se me agotó un jueves por la tarde, cuando Marcos salió a un viaje de negocios de tres días.
Decidida a encontrar la fuente