dormí aquella noche.
A las seis de la mañana había organizado en una carpeta las fotografías de los mensajes, los documentos que encontré en el maletín y la información que Ethan me había enviado.
También había localizado la tarjeta de una abogada especializada en litigios patrimoniales.
Se llamaba Rebecca Collins.
Habíamos coincidido años atrás durante una investigación empresarial.
Le envié un mensaje explicándole que necesitaba una consulta urgente.
Respondió veinte minutos después.
«A las nueve. Ven sola y trae todo».
A las siete, Daniel bajó a la cocina vestido con