con una expresión que todavía no puedo olvidar.
—Porque haces todo por nosotros todos los días y podemos ver que te estás hundiendo.
Me senté en una de las sillas de la cocina.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
Durante 14 años había intentado parecer fuerte delante de mis hijos.
Cuando no tenía dinero, sonreía.
Cuando tenía miedo, les decía que todo estaba bien.
Cuando murió mi madre, apenas lloré delante de ellos.
Pensaba que eso era lo que significaba ser un buen padre.
Pero aquella noche comprendí que