cobro que hubiera recibido.
Ni siquiera sabía que mis hijos tenían miedo de perder nuestro hogar.
Me acerqué y abracé a los dos.
Y por primera vez les conté la verdad.
Les dije que tenía miedo.
Les dije que estaba agotado.
Les dije que a veces, después del trabajo, me quedaba sentado solo dentro del coche durante cinco minutos simplemente porque necesitaba un momento en el que nadie necesitara nada de mí.
Pero también les dije que ellos no eran responsables de salvarme.
Casi no dormí aquella noche.
A las