lo odiaría.
No quería aparecer durante las últimas semanas de su vida, anunciar que era mi padre y obligarme a cargar con su culpa.
Así que creó aquella extraña petición.
Me pidió que fingiera ser su hija porque quería pasar un poco de tiempo conmigo primero.
No como el padre que se había perdido toda mi infancia.
Solo como Nathan… no, Robert, el viejo terco al que yo había elegido querer.
Entonces Daniel me entregó un pequeño sobre con mi nombre escrito en el frente.
Lo abrí.
Dentro había una