concentrando demasiado poder.
Incluso frente a mí misma.
Yo decía que era ambicioso.
Que tenía carácter.
Que necesitaba espacio para demostrar lo que podía hacer.
La verdad era mucho más incómoda.
Cada vez que Daniel cruzaba una línea, yo movía la línea.
Durante nuestro proceso de divorcio intentó hacerlo una última vez.
Llegó a la mediación con un traje impecable y la misma seguridad con la que había salido de casa aquella madrugada.
Se sentó frente a mí.
—Estás disfrutando esto.
Lo observé.
Durante años habría intentado convencerlo de que