A las 2:00 de la madrugada, mi esposo creyó que yo dormía mientras vaciaba nuestra caja fuerte para huir con su amante. Antes de irse, me besó y susurró: “Pobre Audrey. Nunca viste venir esto.” Horas después me envió una foto desde el aeropuerto, convencido de que me había dejado sin nada. Le respondí con 4 palabras que hicieron que me llamara de inmediato.

Casi me reí.

—Encontré 12 autorizaciones cuestionables, 3 intentos de transferencia por más de $11 millones de pesos, $1.2 millones en gastos personales y pagos por otros $3.6 millones a una consultora cuya principal actividad parece ser viajar contigo.

Daniel dejó de hablar.

Escuché a Camila murmurar algo.

—No entiendes cómo funciona la empresa —dijo finalmente.

Ahí sí sonreí.

Mi empresa.

Mi madre me había dejado el 68% de Grupo Santillán mediante un fideicomiso familiar protegido.

Después de casarnos, yo nombré a Daniel director de operaciones.

Cometí muchos