aceptar eso.
Porque ya no tenía miedo de que mi hijo eligiera a otro.
Había aprendido que los hijos no son premios que alguien puede ganar.
Son personas que, cuando crecen, tienen derecho a conocer toda su historia.
Y también tienen derecho a decidir quién merece quedarse en ella.
Mason eligió conocer a su padre biológico.
Y, frente a miles de personas, también dejó claro quién había sido su verdadero padre.
Yo no necesitaba más que eso.
Cuando llegamos al coche, Mason abrió la puerta y se detuvo.
—Papá.
—¿Sí?
—