y caminó unos pasos hacia mí.
—Leo.
No respondí.
—Gracias por venir.
—Es mi hijo.
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
David bajó la mirada.
—Lo sé.
Yo tampoco dije nada más.
Porque aquella frase tenía demasiadas cosas escondidas.
Lo sé.
Después de catorce años, eso era todo lo que tenía.
El partido comenzó.
Durante los primeros minutos intenté concentrarme en el juego.
Mason estaba rápido.
Más rápido de lo que había sido en toda la temporada.
Lo vi ganar un balón dividido, levantar la cabeza y hacer