los puños. —Porque nuestra familia… es complicada.
Sacó una foto de su bolsa. Dos niños idénticos, de unos cinco años, sonriendo en un jardín. —Este éramos Karl y yo. Hace veintiocho años.
—¿Qué pasó? —pregunté.
Daniel miró por la ventana. —Nuestros padres son los Van Der Berg. ¿Te suena?
Negué con la cabeza. —Van Der Berg Holdings —aclaró—. Una de las familias más ricas del país. Dueños de cadenas hoteleras, inmobiliarias, bancos.
—¿Karl era rico? —pregunté, confundida.
—Lo era —corrigió Daniel—. O mejor dicho, lo éramos los dos. Éramos los