Un día estaba a punto de entrar en mi casa cuando mi mejor amiga sacó de repente una llave de su bolso y dijo: “Yo abriré la puerta.” Me quedé mirando la llave que tenía en la mano y pregunté: “¿De dónde sacaste una llave de mi casa?”…

de mi madre estaba extendido sobre la mesa.

Y en el centro había una pequeña tarjeta.

Laura había escrito:

“Algunas personas entran en tu casa no para quitarte algo, sino para devolverte algo.”

Volví a mirar aquella llave que apenas dos días antes me había asustado tanto.

Y en ese momento comprendí algo.

A veces, el secreto más sospechoso puede estar escondiendo algo tan hermoso que después casi te avergüenzas de haber dudado alguna vez de las personas que amas.