de mi madre estaba extendido sobre la mesa.
Y en el centro había una pequeña tarjeta.
Laura había escrito:
“Algunas personas entran en tu casa no para quitarte algo, sino para devolverte algo.”
Volví a mirar aquella llave que apenas dos días antes me había asustado tanto.
Y en ese momento comprendí algo.
A veces, el secreto más sospechoso puede estar escondiendo algo tan hermoso que después casi te avergüenzas de haber dudado alguna vez de las personas que amas.