adolescente con una bebé en brazos
A la mañana siguiente, mi padre debía asistir a su ceremonia de graduación.
Mis abuelos le dijeron que podía quedarse en casa, pero él se negó.
Había esperado aquel día durante años. Sin embargo, tampoco quiso separarse de mí.
Por eso llegó a la ceremonia llevando la toga y el birrete en una mano, y sosteniéndome con el otro brazo.
Todavía conservamos una fotografía de aquel momento en la sala de nuestra casa.
En ella aparece un muchacho de diecisiete años con el rostro