aquella mañana quería tenerla entre mis manos.
Abrí el cajón inferior.
La caja había desaparecido.
Durante varios segundos, me quedé mirando.
Luego revisé los otros cajones.
Nada.
Busqué en el armario.
Nada.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Entré en la cocina, donde Daniel estaba sirviéndose café.
—¿Dónde está la caja de madera del escritorio de tu padre?
Su mano se detuvo.
Aquella pequeña pausa me lo dijo todo.

—¿Daniel?
Desvió la mirada.
Claire entró en la cocina.
—¿Qué pasa?
—La caja —dije—. La caja de Robert. ¿Dónde está?