tardado tanto.
Mi madre despertó al amanecer.
Entré a verla.
Tenía tubos, vendas y el rostro agotado.
Abrió los ojos.
—¿Él?
—Detenido.
—¿La cápsula?
Me acerqué.
—Habló, mamá.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Te dije que mi cuerpo iba a hablar por mí.
Durante las semanas siguientes descubrí cosas que me hicieron cuestionar cada año de mi matrimonio.
Javier había solicitado créditos usando mis datos personales.
Había intentado falsificar mi firma para transferir nuestra casa.
Había contratado un seguro millonario sobre mi vida.
Y tenía preparado un expediente