15 minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mi hija de 6 años se aferró a mí y susurró: —Cuando viajas, Marta pone gotas en mi jugo y después me graba. Miré hacia la cocina. Marta estaba allí, sonriendo, todavía con el vaso en la mano. Fingí que me iba, cancelé el vuelo y volví por mi hija. Pero la copia de seguridad de una cámara reveló que ella nunca había sido el verdadero objetivo.

Parte 1

Faltaban 15 minutos para que el coche llegara por mí cuando mi hija de 6 años se aferró a mi cintura.

—Papá, no te vayas hoy.

Mi maleta estaba junto a la puerta de nuestra casa en Lomas de Chapultepec. Tenía el saco colgado del brazo y el teléfono en la mano. Esa mañana debía volar a Monterrey para cerrar una negociación que llevaba semanas preparando.Puertas y ventanas

Me agaché frente a Lucía.

—Solo serán 2 noches, princesa.

Ella no respondió.

Miró hacia la cocina.

Ese pequeño