Richard venía detrás de mí cuando alzó la mirada hacia la pequeña cámara del pasillo y entendió que aquella luz no había dejado de registrar lo ocurrido.
Su paso cambió.
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No se detuvo, pero ya no avanzó con la misma seguridad.

Yo lo escuché acercarse mientras sostenía a Ethan contra mi pecho y cargaba la maleta con la otra mano.
Mi hijo seguía temblando.
Tenía los dedos enterrados en mi blusa como si aflojarlos significara volver al piso.
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—Amanda —dijo Richard—. No hagas una escena por algo que