Parte 1
La noche en que mi esposo entró a la gala con su amante tomada del brazo, mi hijo de 9 años fue la única persona que no apartó la mirada.
Mateo apretó mi mano debajo de la mesa.
-Mamá, no llores.
Respiré despacio.
-No estoy llorando.
Él me miró como si supiera que estaba mintiendo.
Luego señaló discretamente mi bolso.
-¿Trajiste la carta?
Asentí.
Dentro llevaba un sobre preparado por mi abogada.
Pero Rodrigo todavía no sabía nada.
Y mucho menos sabía lo que Mateo guardaba en su