Parte 1
Mi hija tenía 10 años cuando su padre decidió que una bolsa de diseñador valía más que su escuela.
El aviso de colegiatura estaba sobre la mesa de nuestra cocina en Naucalpan.
Faltaban 38,000 pesos.
Si no pagaba antes del viernes, Sofía perdería su lugar en el colegio donde había estudiado desde primero de primaria.
Yo ya había usado mis ahorros.
Había vendido una pulsera que mi abuela me dejó.
Había aceptado 3 trabajos adicionales de auditoría independiente.
Pero seguía faltando dinero.
Lo absurdo era que no