El desconocido de cabello blanco terminó de abrir la puerta del auto y, sin acercarse demasiado, le explicó a Clara que llevaba casi dos décadas tratando de encontrarla.
Ella apretó con fuerza el asa de la maleta.
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Hacía menos de una hora había salido de la casa donde había vivido 11 años, embarazada y sin habérselo contado a nadie, después de escuchar a su esposo anunciar que otra mujer esperaba al heredero que su familia tanto había exigido.

Ahora un hombre llamado Ernesto Herrera pronunciaba el nombre de su