padre como si lo hubiera conocido mejor que ella.
—¿Qué quiere de mí? —preguntó Clara.
Ernesto no contestó de inmediato.
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Sacó del bolsillo interior de su saco una fotografía doblada por las esquinas y se la extendió.
Clara reconoció a Julián Serrano al instante.
Era mucho más joven que en sus últimos recuerdos, pero tenía la misma forma de inclinar la cabeza y aquella expresión seria que parecía esconder siempre una broma.
A su lado estaba Ernesto.
Los dos sostenían un pequeño letrero con el nombre de una empresa