Parte 1
La taza de café me temblaba entre las manos cuando escuché la voz de mi hija detrás de la puerta del despacho.
En ese momento supe que estaba despedida.
Quizá algo peor.
Mi nombre es Sofía Navarro.
Tenía 34 años y llevaba 8 meses trabajando como encargada de limpieza en la residencia de Vicente Castañeda, en una zona privada de Zapopan kara.
Aquella casa parecía un hotel de lujo.
Pisos de mármol.
Cuadros que probablemente costaban más que mi departamento.
Camionetas negras entrando y saliendo a cualquier hora.