Parte 1
A las 12:47 de la madrugada, mi esposo abrió la puerta de nuestra casa en Lomas de Chapultepec y sonrió como si acabara de ganar una apuesta.
Yo seguía sentada frente a la cena de nuestro aniversario.
2 platos.
2 copas.
2 velas consumidas casi hasta la base.
Y una botella de vino que llevaba horas abierta.
Nicolás dejó las llaves sobre la consola y ni siquiera intentó inventar una excusa.
—¿Sigues despierta, Teresa?
No respondí.
Se quitó el saco gris, lo dejó sobre una silla y