Tomé la pequeña llave plateada de la mano de Daniela Ruiz y volví a mirar la fotografía una vez más.
No podía apartar la vista del hombre que aparecía detrás de Marcos, Elisa y Elena.
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Era Tomás Serrano.

Mi padre.
El mismo rostro que recordaba de mi infancia, la misma cicatriz junto a la ceja y la misma expresión seria que había visto durante años antes de creer que ya no formaba parte de mi vida.
Pero había un detalle imposible de ignorar.
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La imagen tenía una fecha