Desde fuera, nuestra boda parecía perfecta. Las flores eran preciosas, la música sonó hasta bien entrada la noche y los familiares nos rodeaban felicitándonos, pero bajo mi sonrisa estaba completamente agotada y lo único que deseaba era llegar a la habitación nupcial, quitarme el pesado vestido y, por fin, tener un momento de tranquilidad con mi marido.
Parte 2 — El pasillo a las 3 de la mañana
Me quedé descalza en el pasillo del hotel, con el móvil y los zapatos en la mano, y vestida