Tenía miedo de que si pronunciaba aquellas palabras, todo desapareciera.
Y desapareció.
La pareja decidió adoptar a una niña más pequeña.
Cuando Berta se enteró, regresó al refugio con una mochila sobre los hombros.
No lloró.
Rosanna recuerda que lo único que preguntó fue:
—¿Puedo quedarme con la muñeca que me regalaron?
La respuesta fue sí.
Aquella muñeca fue durante años su única pertenencia que consideraba realmente suya.
Con el tiempo, Berta dejó de esperar.
Dejó de mirar hacia la puerta cada vez que llegaba un automóvil.
Dejó de arreglarse
NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA