PARTE 2: El eco de una sonrisa
El tiempo no cura todas las heridas. Eso es una mentira que nos decimos para poder seguir respirando.
El tiempo lo que hace es enseñarte a caminar con ellas. A veces cojeas, a veces el dolor te golpea el pecho sin avisar, pero aprendes a no caerte.
Han pasado dos años desde aquel noviembre.
Dos años desde que Mateo cerró los ojos con mi mano a un lado y la de Javier al otro.
Mi vida no volvió a ser la de antes.
El perro que me devolvió a mi hijo (aunque ya no estuviera)