PARTE 1
—¡No me mires así! ¡Tu hija ya tiene veinte años! ¡No voy a estar detrás de ella como si fuera una niña! —me gritó mi esposa mientras nuestra única hija estaba inconsciente en el piso.
Acababa de regresar de un viaje de trabajo de dos semanas. Todavía llevaba la maleta en la mano cuando abrí la puerta de nuestra casa, en Puebla, y vi a Daniela tirada junto al mueble de la entrada.
Por un instante pensé que estaba dormida. Pero cuando me acerqué y descubrí que tenía