Teresa volvió a mencionar la fecha del pagaré y sentí que el frío de la lluvia ya no era lo peor que me estaba pasando.
El documento afirmaba que yo había aceptado respaldar una deuda de Mauricio el día en que despedí a mi padre.
Ese día no había firmado nada.
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Ese día apenas podía sostenerme de pie.
—No puede ser —dije, todavía con el pañuelo presionado contra el labio—. Yo estuve con mi familia desde la mañana hasta la noche.
Teresa inclinó ligeramente la cabeza.
—Por eso me