PARTE 1
En México nos enseñan desde niños que la familia es sagrada. Que la sangre llama y que en los peores momentos, los tuyos son los únicos que no te van a dejar caer. Pero a veces, la misma sangre es la que te entierra vivo, y la traición viene de quienes se sientan a tu mesa a cenar. Mi hija Sofi tenía apenas siete años. En la cama de aquel hospital frío, abrazó con sus bracitos delgados a su viejo conejo de peluche, me miró con unos ojos