“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

—¿Estás loca? ¡Metiste a un desconocido ensangrentado a tu casa y vives sola!

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Eso fue lo primero que me gritó doña Celia cuando se enteró. Pero para entonces el hombre llevaba casi veinticuatro horas acostado en el viejo sofá de mi recibidor, con una pierna hinchada, las manos llenas de cortes y una mirada tan agotada que ni siquiera parecía tener fuerzas para mentir.

Me llamo Elena Cruz, tengo treinta y cuatro años y vivo en la Sierra Norte de Puebla. Desde que mi esposo Víctor murió en un