Parecía una coliflor completamente normal. Estaba fresca, tenía un color blanco cremoso y sus hojas exteriores eran de un verde intenso.
La compré en el mercado para preparar una comida familiar.
Pero cuando llegué a casa y comencé a separar sus flores, descubrí algo que jamás había visto tan de cerca.
Entre los pequeños espacios de la coliflor había una diminuta criatura verde, casi del mismo color que las hojas que la rodeaban.
Al principio pensé que era un pequeño tallo.
Después noté que se movía.
Tenía el cuerpo alargado,