Mi esposo le envió a otra mujer un enorme ramo de rosas blancas y peonías rosas con una tarjeta firmada «Con amor, Daniel», pero, por un descuido, esas flores terminaron llegando a nuestra casa.

**Capítulo 1: La entrega**

El arreglo era enorme, tan ancho que el rostro del mensajero quedaba casi oculto tras él. Rosas blancas se acurrucaban junto a peonías rosadas, mientras delicados eucaliptos se desbordaban del papel marrón de envolver, sujeto con un lazo color crema. No era un ramo comprado a las apuradas de camino a casa. Alguien había elegido esas flores con cuidado y había pagado una suma considerable para causar impresión.

 

—¿Para mí? —pregunté desde la puerta. El repartidor sonrió—. Parece que sí. Mi corazón se elevó con