Mi madre me decía a menudo: «No te sientes en el regazo del abuelo». Nunca entendí por qué. Un día no le hice caso y me
senté de todos modos. El abuelo sonrió, se acercó a mi oído y susurró: «¿Puedes venir a dormir a mi lado esta noche?»
Un día no le hice caso y me senté de todos modos.
El abuelo sonrió, se acercó a mi oído y susurró:
«¿Puedes venir a dormir a mi lado esta noche?»kara
En aquel momento yo solo tenía nueve años, pero