“¡Papá, por favor, no llames al 911! Yo no hice nada.” Mi hermana lloró, él le creyó y dejó que la policía me esposara frente a toda la familia. Pasé 18 meses en prisión sin recibir una sola visita. El día que salí, no fui a casa: acepté una carpeta de mi abogado. Dentro había una grabación que mi padre jamás imaginó que seguía existiendo.

Parte 1

—Papá, por favor, no llames al 911. Yo no hice nada.

Mi voz salió rota, pero mi padre ya había tocado la pantalla.

Yo estaba descalza en medio del pasillo de la casa familiar en Lomas de Chapultepec. A unos metros de mí, la puerta del despacho estaba abierta. Había cristales del pequeño gabinete de seguridad esparcidos sobre el mármol y varias carpetas de la Fundación Salgado habían desaparecido.

Sobre el escritorio, la computadora de mi padre mostraba una solicitud de transferencia por 4 millones de pesos.

Mi