PARTE 1
—Si de verdad me amas, vas a demostrarlo pasando un mes conmigo en esta casa, sin teléfono, sin trabajo y sin quejarte —me dijo mi esposo mientras estacionaba frente a una construcción que parecía llevar veinte años abandonada.
Me llamo Mariana, tengo 34 años y hasta aquel jueves creía que mi matrimonio era lo más estable de mi vida.
Sergio y yo llevábamos siete años casados. Trabajábamos en la empresa de transportes que mi padre había levantado desde cero en Puebla. Yo dirigía el área financiera y Sergio