PARTE 1
—¡Tienen una casa de cinco recámaras y millones de pesos! ¡Somos tus padres, Gabriela! ¡Nos corresponde una parte de lo que han conseguido y venimos a vivir aquí!
Mi madre pronunció aquellas palabras frente a mi puerta, rodeada de tres maletas enormes, como si acabara de anunciar una visita de fin de semana.
Hacía catorce años que no me dirigía la palabra.
Catorce años sin llamarme en mi cumpleaños, sin felicitarme en Navidad y sin preguntar si seguía viva.
Ahora estaba examinando mi casa con una sonrisa satisfecha,