Dos reclusas peligrosas decidieron darle una lección a la recién llegada. Mientras lavaba los platos, le metieron la cabeza en el fregadero lleno de agua sucia. Se rieron al ver a la joven ahogarse e intentar liberarse, sin sospechar la verdadera identidad de su nueva compañera de celda ni lo que estaba a punto de hacerles.
Cuando la joven fue trasladada a una prisión de máxima seguridad para mujeres, enseguida se dio cuenta de que las reglas eran diferentes. Desde el primer día, un guardia le advirtió que lo mejor