Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados

Cuando alguien regresó, no llamó.
Dejó unos zapatos gastados y una petición que el zapatero entendió sin necesidad de palabras.
Su hija Rosa conoció la historia mucho después, cuando Aurelio le entregó la pequeña llave que llevaba siempre colgada al cuello.
Pero todo había comenzado junto a una acequia, en un pueblo cercano a Riobamba, al pie del Chimborazo.
Aurelio tenía treinta y cuatro años y trabajaba en el mismo taller donde su padre, don Manuel, le había enseñado el oficio.
Allí reparaban botas, ajustaban zapatos infantiles y cambiaban suelas