Después de asustar a mi hija diciendo que iba a morir por mi culpa, mi suegra quiso instalarse en mi casa; esa tarde dejó de fingir para siempre

Mis suegros llegaron con 7 maletas, 2 almohadas ortopédicas y la seguridad de quienes creían haber ganado.
—Por fin entendiste tu obligación —dijo Ofelia.
Les serví agua y los acompañé a la recámara principal. El colchón estaba cubierto con una funda plástica nueva.
—¿Y esto? —preguntó Ernesto.
—Por higiene. Ustedes dicen que pueden morir cualquier noche.
Ofelia me miró incómoda, pero 10 minutos después ya estaba instalada.
—Tráeme café y algo de comer. Estoy agotada.
—Primero necesito saber cómo se sienten.
—Fatal. Me duele todo. Ayer volví a ver una