PARTE 1
El jet privado de Alejandro Valdés llevaba 13 horas inmóvil en una zona de mantenimiento del aeropuerto de Málaga cuando recibió la llamada que le hizo perder por completo la calma: su hija había empeorado en una clínica de Zúrich y los médicos necesitaban que llegara cuanto antes.
Alejandro, propietario de un importante grupo hotelero español, podía comprar casi cualquier cosa, pero aquella mañana descubrió que su dinero no podía comprar tiempo.
8 técnicos habían revisado el avión. Habían comprobado sensores, alimentación, sistemas electrónicos, válvulas y módulos de