Parte 1
Apagué las luces de mi despacho, tomé la maleta de cuero y besé a mis 2 hijas como si realmente estuviera a punto de viajar a Canadá.
—Solo serán 4 días —les dije mientras me abrochaba el saco—. Pórtense bien. El viernes estaré de regreso.
Valeria, de 9 años, me abrazó con tanta fuerza que sentí un nudo en el pecho.
Sofía, de 6, se aferró a mi mano.
—¿Tienes que irte otra vez, papá?
Sonreí aunque no tenía ganas.
—Es una reunión importante en Toronto.
Era mentira.