—Si vuelves a mencionar mi nombre, te prometo que regresarás directamente a la cárcel —me advirtió mi hermana mientras arrojaba al suelo, delante de mí, un sobre lleno de dinero en efectivo.
Solo habían pasado diecinueve días desde mi liberación. El portazo aún me despertaba sobresaltado por la noche. Ahora Mónica me amenazaba frente a una casa que ya no me pertenecía.
Y en su muñeca llevaba el reloj que mi padre me había regalado antes de morir.
—Recoge tu dinero —le dije—. Ya me has robado cuatro años de