PARTE 1
—Señora, alguien instaló un rastreador GPS debajo de su coche. Y no parece que lo hayan puesto para protegerla.
El mecánico sostuvo una pequeña caja negra entre sus dedos manchados de grasa. Un diminuto foco rojo parpadeaba en uno de los extremos.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Está seguro?
—Completamente. Tiene batería para varios meses y está escondido donde nadie lo encontraría durante una revisión normal.
Me llamo Mariana Ríos, tengo treinta y cuatro años y vivo en Guadalajara. Durante tres años creí que mi matrimonio