Mi esposo me vigilaba con un GPS escondido en mi coche, pero olvidó que yo también podía descubrir sus mentiras. “Sé perfectamente adónde vas”, me dijo una noche, convencido de tenerme controlada. Cambié el aparato al vehículo de su amante y guardé silencio. Tres días después, llegó a unas cabañas privadas dispuesto a exhibirme frente a todos… hasta que escuchó una voz masculina que conocía desde niño.

PARTE 1

—Señora, alguien instaló un rastreador GPS debajo de su coche. Y no parece que lo hayan puesto para protegerla.

El mecánico sostuvo una pequeña caja negra entre sus dedos manchados de grasa. Un diminuto foco rojo parpadeaba en uno de los extremos.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Está seguro?

—Completamente. Tiene batería para varios meses y está escondido donde nadie lo encontraría durante una revisión normal.

Me llamo Mariana Ríos, tengo treinta y cuatro años y vivo en Guadalajara. Durante tres años creí que mi matrimonio