Me llamo Monica. Cuando comenzó esta historia, tenía 38 años y durante casi diez años había estado viviendo una vida que jamás imaginé para mí cuando era más joven.
Mi apartamento estaba en una de las zonas más antiguas de la ciudad, en el segundo piso de un edificio envejecido, con escaleras estrechas y un timbre cuyo sonido hacía mucho tiempo que me resultaba familiar kara.
Por las noches, los hombres llamaban a mi puerta.
Por la mañana, volvía a estar sola.
Y así fueron pasando los años.
Me había