Mi marido insistía en bañar él solo a nuestra pequeña hija todas las noches. Pero una noche, cuando lo seguí en secreto, sentí que el mundo se…

la puerta. Abría el grifo para que yo no pudiera oír lo que ocurría dentro. Cuando intentaba entrar, se colocaba delante de la puerta.

«Yo me encargo. Ve a descansar un poco.»

Una noche vi que escondía una pequeña caja metálica en el bolsillo. Le pregunté qué era. La expresión de Daniel cambió al instante.

«Es algo del trabajo.»

«¿Entonces por qué la llevas al baño?»

Me miró en silencio durante unos segundos.«Ya te dije que no es nada importante.»

Aquella noche no pude dormir.

La cara de miedo