Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

Yo.

Antes de conocerlo, había creado una firma de inversión junto con 2 socios. Después de casarme, dejé la operación pública y mantuve mi participación mediante mi apellido materno y una estructura fiduciaria que nuestros abogados habían diseñado años antes por razones patrimoniales.

En Salgado Infraestructura, Lumbre controlaba 58% de los derechos de voto.

Julián tenía acciones.

Tenía prestigio.

Tenía el puesto de director general.

Pero jamás había tenido el control que imaginaba.

Llamé a Verónica Robles, secretaria del consejo.

—Necesito revisar el expediente de Salgado Infraestructura.

Su voz cambió