de Isabella por casi 3.8 millones de pesos en 8 meses.
Dos contratos llevaban firmas electrónicas aprobadas directamente desde la oficina de Julián.
Y una de las partidas describía “acompañamiento estratégico a reuniones de inversionistas”.
Esa misma noche ella ocuparía mi lugar.
Llamé de nuevo a Verónica.
—Convoca una sesión extraordinaria del consejo mañana a las 9. No quiero decisiones improvisadas esta noche.
—¿Quieres suspender a Julián?
—Quiero hechos antes que venganza.
Abrí después el clóset que mantenía cerrado al fondo de mi vestidor.
No estaba lleno de secretos